Integridad
Hoy es un día cualquiera, una noche cualquiera de un viernes cualquiera. Una de esas en las que me dedico a deslizar sin fin por YouTube, buscando algún vídeo con el que entretenerme hasta caer dormido en soledad. Es en esa búsqueda infinita donde he tenido la suerte de encontrarme con uno de los pocos resquicios de calidad que quedan en internet: el discurso de Al Pacino en Scent of a Woman.
Siempre he medido a las personas de la misma manera, centrando todo en un factor principal: la calidad de su alma. Y esa virtud no está marcada únicamente por sus acciones, ni siquiera por sus ideales, sino por la calidad de sus intenciones.
En la película, que vi hace ya unos meses, observo a un chico con miedo; un chico que conoce lo correcto, pero también la dificultad de hacerlo . Pese a ello, siempre toma la decisión ética, la decisión que debe tomar, aunque eso suponga renunciar a lo tangible y material. Ese chico quizá no sea un hombre de Baird, pero, como dice Al Pacino, es un líder. Porque su integridad y sus principios van por delante de todo. Y eso, precisamente, es una de las grandes carencias de nuestra sociedad actual.
No me importa cuáles sean tus ideales, sino la justificación de por qué consideras que son correctos. No me importan tanto las consecuencias de tus acciones como la calidad de tus intenciones. A mi modo de ver, la forma de encarar el camino hacia la felicidad no consiste en buscar la brevedad de los sucesos, sino en encontrar la longevidad del día siguiente.
La felicidad no es despertarme por la mañana junto a una mujer, sino tener la tranquilidad de saber que la calidad de mis intenciones me permitirá hacerlo también mañana.

